Crónicas afónicas del 8M

20 Marzo 2019

Llega este día esperado tras una noche de calentamiento planificando la jugada de este año para en 8M, haciendo «sikulis» hasta altas horas de la noche para decorar la finca y llenarla de morado. Hacemos retrospectiva de dónde estábamos hace un año, justo después de separarnos de tres hombres con los que decidimos dejar de convivir y formar proyecto, como límite final a las agresiones y abusos sufridos durante años en Garaldea. Recordamos las ampollas que despertó la pintada “En la calle son el Ché, en la casa Pinochet”, cuya autoría reivindicamos en unanimidad las mujeres Garaldeanas con un «he sido yo» en cadena, tras que se nos pidieran explicaciones. Identificamos situaciones para las que a día de hoy todavía no tenemos respuestas, y nos reconocemos habiendo andado juntas momentos bellos y duros, en el camino imparable de sabernos dignas y libres de vivir nuestras vidas como nos sale del mismísimo moño. Bromeamos con que ya no se pueden fregar los platos a partir de las 12 de la noche, pero aún así lo hacemos.

Amanecemos ilusionadas, alegres y nos preparamos como si fuéramos a hacer el ascenso al Himalaya (parece que así hubiera sido por el dolor de pies del día siguiente), equipándonos con comida, agua, pancartas, cacerolas, botas de montaña, que sabemos necesitaremos para este largo día de también huelga de consumo. Nos juntamos con las peraleñas en su pueblo (Perales de Tajuña), donde somos recibidas con sonrisas y abrazos sororos de comadres. Repartimos camisetas de la Red de Mujeres de la Vega que son todo un éxito, escuchamos atentas su manifiesto, y cantamos y bailamos en la plaza del ayuntamiento acompañadas de señoras con pañuelo morado, a las que sentimos cálidas y orgullosas de las que llaman «las verdes», de quienes les damos el relevo a la vez que agitamos su feminista interna, que les lleva a cantar entre risas Manolo Manolito, la cena tú solito. Hay que remarcar la presencia todo el día de peques y bebés (el babyboom peraleño), que nos observan y acompañan desde su capacidad para entender, y para relacionar lo que ven con su propia vivencia. La pancarta más singular con fondo verde narraba «Soy un niño y si quiero llevo vestido. Déjame en paz.»

Nos retiramos al CSI (Centro Social ¿Insurgente?), donde nos espera comida hecha por hombres aliados, compañeros y amigos que saben cuál es su sitio, por lo menos ese día. Surge una ovación por lo rica que ha quedado la pa(ella), y algunas nos unimos tímidamente, pero nos chirría, hacemos señas de cortar, con la duda de si queremos o no darles ese protagonismo, justo en este día. Mola agradecer, pero sin pasarse. ¿Alabamos siempre así a las compas cuando ellas cocinan?

No aguantamos más, y salimos dirección Atocha, donde vamos a reunirnos con otras mujeres de la Vega y amigas. Sentimos miradas curiosas, otras ajenas o burlonas, según nos acercamos a paso firme, calentando las voces, con las caras pintadas, cazuela en mano y pancarta al hombro (sostenida por dos grandes ramas de Álamo en lugar de palos de plástico, que no digan que no somos ecofeministas).

Lo demás para quien estuvo sería parecido. Gente, más gente, mares de gente que confluyen hasta crear un gran tapón humano desde Atocha a Gran Vía, lemas, consignas, no te pierdas, qué pasada, pero esto no avanza… Cansadas de estar estáticas y con un poco de agobio, decidimos salir de ahí y subir por Calle Atocha, donde acabamos siendo unas cientos de personas que lideramos una mani alternativa, desbordándonos por nuevas calles, llamando la atención de transeúntes y consumidoras de moda, tocando en cada esquina nuestra desafinada charrada castellana con cazuela, cuchara de palo y dedal, y entonando a grito pelado que la talla 38, nos oprime el chocho según bajamos por Calle Carretas. Nos unimos a la mani en Callao, y sacamos las últimas fuerzas, porque ahora estamos todas, ahora ya nos veis, y el patriarcado va a caer, y el feminismo va a vencer, va a vencer.

Volvemos a casa, agotadas, satisfechas, sabiendo que estamos haciendo historia, en el campo y en la ciudad, porque la siembra será feminista o no será.

Letra Charrada Castellana de las Mujeres de la Vega

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